Después de la Feria Internacional del Libro, la Semana del Libro nos vuelve a convocar para pensar más allá de los libros comprados, de los libros vendidos, para preguntarnos, otra vez, por el verdadero estado de la lectura en nuestro país
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña pcrenes@gmail.com

Artículo por: Pedro Crenes Castro

En un país como el nuestro, ya no es solo importante saber leer, sino comprender lo leído. Esa es nuestra mayor debilidad.
Semana del Libro: volver a pensar la lectura
Después de la Feria Internacional del Libro, la Semana del Libro nos vuelve a convocar para pensar más allá de los libros comprados, de los libros vendidos, para preguntarnos, otra vez, por el verdadero estado de la lectura en nuestro país. Fuera como estamos de la prueba PISA, el reto no es preparar un examen para sacar una mejor posición, sino posicionar la lectura en el centro mismo del sistema educativo.
La lectura, la acción de leer, se ha viciado de tal manera que, al conjugarlo, lo desterramos del ámbito educativo, y ojo, que esta es responsabilidad de todos los actores sociales: «entre todos la matamos y ella sola no se murió», parafraseando y aplicando el viejo adagio a la educación, y dentro de ella a la lectura, como motor pedagógico para una sociedad crítica, reflexiva y proactiva ante sus desafíos sociales.
Una de esas perversiones la aplicamos a la forma misma de la palabra leer: es un verbo, que implica voluntad para ponerse en práctica, pero hemos enseñado a las nuevas generaciones que leer es una acción aburrida, innecesaria o para unos pocos. Les hemos mentido por omisión a nuestra juventud, porque no les decimos que la mayoría de lo que van a aprender será por medio de un libro, de allí nacen todas las actitudes distantes con la lectura y su ecosistema, que luego se convierten en leyes. Nunca hubo ley contraria a la sociedad que primero no fuera una mala costumbre.
Mucho nos hemos escudado detrás de la frase de Borges, que advierte que leer es una forma de la felicidad (¿felicidad una forma verbal? ¡Sería una maravilla!), pero que la felicidad no se puede imponer, y con esas nos lavamos las manos como «Leoncio Palito» (Trespatines dixit), y dejamos de empujar, con acciones, costumbres y políticas, a la sociedad hacia la lectura. Una cosa es imponer, pero otra muy distinta es sacar del espacio público la lectura como derecho y necesidad social, con la excusa de que la lectura no es para todos, o que aburre, o que es cosa de una suerte de élite, lo cual siempre conviene a los que necesitan una ciudadanía sin referentes ni criterio.
Por eso son tan necesarias convocatorias como la Semana del Libro. Hemos de volver a pensar la lectura, cómo seguir promoviéndola, cómo hacerla llegar más lejos dentro del país, y cómo las instituciones, que las formamos y sostenemos entre todos, pueden tener una visión más clara y urgente de la necesidad de que los libros lleguen hasta el último lugar de nuestra tierra, que es a la vez el primero de ella: allí donde se lee hay un comienzo, algo empieza a moverse, alguien cambia para poder cambia nuestra circunstancia.
Decía Mario Vargas Llosa, quien habría cumplido este 2026 sus 90 años, que lo más importante que le ocurrió fue aprender a leer. En un país como el nuestro, ya no es solo importante saber leer, sino comprender lo leído. Esa es nuestra mayor debilidad. Pequeños y grandes, la mayoría sufren de lo mismo: no entiende lo leído, les cuesta las ideas elaboradas. La cura, el antídoto, leer, leer mucho, leer de todo. Qué buena noticia que la semana del 22 al 30 de septiembre se celebre, otra vez, la Semana del Libro. Será una buena oportunidad para volver a centrarnos en la parte más importante del libro: su lectura.
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | pcrenes@gmail.com

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.

