“El niño no obtiene ningún beneficio por permanecer más tiempo susceptible a una infección prevenible. Esto es particularmente peligroso para enfermedades como sarampión, tosferina, enfermedad neumocócica, meningitis por Hib, poliomielitis o varicela»
Redacción LWS
Uno de los grandes avances en materia de vacunas son las vacunas combinadas: significa una protección más rápida contra las enfermedades, menos inyecciones y visitas al consultorio.
Un ejemplo es la vacuna triple viral también conocida por las siglas SRP o MMR que protege contra sarampión, rubéola y parotiditis o paperas.
Gracias a esta vacuna combinada, en lugar de acudir tres veces al médico, y recibir tres inyecciones, las familias logran proteger a sus hijos con menos visitas. Se garantiza una protección a tiempo y se evita el riesgo de interrumpir la inmunización.
Sin embargo, la reciente orden ejecutiva del 10 de agosto del gobierno de Estados Unidos, ha generado preocupación en la comunidad científica global, porque la disposición propone “dividir la vacuna combinada contra el sarampión, las paperas y la rubéola en tres dosis individuales para cada enfermedad”.
Otra recomendación para Estados Unidos, conforme a esta orden, significa reducir su habitual calendario de vacunas contra 18 enfermedades a 11, una decisión que podría tener serias implicaciones, incluso de orden económico, porque al no ser obligatorias, implicaría gastos adicionales para los padres que decidan proteger a sus hijos de enfermedades prevenibles con vacunas.
“Separar vacunas puede causar menos vacunación. Una vacuna combinada permite proteger al niño contra varias enfermedades en una sola oportunidad. Si MMR se transforma en tres visitas distintas, se multiplican las oportunidades para que alguna visita no ocurra, debido a pérdida de citas, problemas de transporte, ausentismo laboral de los padres, dificultades económicas, errores administrativos y abandono de las dosis posteriores. Por tanto, separar vacunas puede aumentar una desigualdad ya existente, ya que los niños con mayores barreras sociales son precisamente los que tienen mayor probabilidad de quedar sin protección”, advirtió el Dr. Xavier Sáez-Llorens, jefe del Departamento de Investigación del Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel y del Servicio de Infectología Pediátrica, así como Investigador Distinguido del Sistema Nacional de Investigación (SNI) de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt).
Analiza que esta separación prolongaría de manera innecesaria el período de vulnerabilidad.
“El niño no obtiene ningún beneficio por permanecer más tiempo susceptible a una infección prevenible. Esto es particularmente peligroso para enfermedades como sarampión, tosferina, enfermedad neumocócica, meningitis por Hib, poliomielitis o varicela. El concepto fundamental de un calendario de vacunación es proteger al niño cuando comienza a estar expuesto al riesgo, no cuando resulta logísticamente conveniente vacunarlo. Si se espacian artificialmente las vacunas, se amplía la ventana durante la cual el niño puede infectarse y transmitir la infección”.

En un artículo de Nature se recogen declaraciones de Paul Offit, inmunólogo especializado en virus y director del Centro de Educación sobre Vacunas del Hospital Infantil de Filadelfia, en Pensilvania, quien reitera que la decisión de separar vacunas no tiene ningún tipo de fundamento científico.
“Investigaciones previas han demostrado que las vacunas combinadas contra múltiples enfermedades pueden aumentar la inmunidad a nivel poblacional y disminuir los costos de atención médica, ya que las familias pueden visitar la clínica menos veces para recibir menos inyecciones”, dice Mark Jit, economista de la salud de la Universidad de Nueva York, también citado por Nature.
Jit ejemplifica que “la proporción de personas vacunadas contra la difteria, el tétanos, la tos ferina y una infección bacteriana llamada Haemophilus influenzae tipo b aumentó un 8 % en Bélgica después de que el país introdujo una vacuna que combinaba las cuatro inyecciones en una sola”.
“Para enfermedades que se propagan rápidamente, como el sarampión, un retraso de tan solo unos meses puede marcar una gran diferencia en cuanto a si los niños se enferman o no”, agregó Jit.
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Una decisión política que compromete la salud pública
Desde una perspectiva de infectología pediátrica y salud pública, afirma el Dr. Sáez Llorens, los problemas potenciales de esta desafortunada decisión son considerablemente mayores que cualquier beneficio teórico de reducir las vacunas infantiles y separar la MMR (sarampión, rubéola y parotiditis).
“La justificación política se ha relacionado nuevamente con la hipótesis de que administrar varias vacunas simultáneamente podría contribuir al autismo. Esta hipótesis ha sido refutada repetidamente por estudios epidemiológicos de gran tamaño. No existe evidencia alguna de que separar MMR o administrar las vacunas en visitas diferentes disminuya el riesgo de autismo”.
Por tanto, reiteró el experto panameño, la modificación no responde a una nueva evidencia de seguridad, sino que introduce una modificación sustancial de un esquema que ha sido construido durante décadas sobre evidencia de eficacia, inmunogenicidad, seguridad y epidemiología.
Sarampión, la consecuencia del descenso en las coberturas
El Dr. Sáez Llorens reflexiona que el “momento de esta decisión es especialmente desafortunado porque EE. UU. ya está experimentando el resurgimiento del sarampión y descenso de las coberturas vacunales. El sarampión tiene un número reproductivo básico extremadamente elevado. Por ello, pequeñas disminuciones en la cobertura pueden producir grandes consecuencias epidemiológicas. Y el problema no termina en EE. UU. ya que el sarampión es extraordinariamente transmisible y los viajeros pueden exportarlo a otros países”.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS), en nueva alerta epidemiológica, instó a los países de las Américas a reforzar la vacunación, la vigilancia epidemiológica y la respuesta rápida ante los brotes de sarampión.
El llamado llega en un contexto de transmisión persistente en varios países y del mayor número de casos registrados en la región en más de dos décadas.
Este año, hasta la semana epidemiológica 28 de 2026, que finalizó el 18 de julio, la región notificó 47.459 casos confirmados de sarampión en 16 países y un territorio. De ellos, 44 fallecimientos se registraron en tres países. Esto representa más de tres veces el total registrado durante todo 2025, cuando se notificaron 15.011 casos confirmados en 15 países y 32 defunciones en tres países. Guatemala, México, Estados Unidos y Perú concentran el 95% de los casos confirmados este año.
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Confusión en la población
“La decisión genera una enorme confusión para que los padres interpreten correctamente los calendarios de vacunación. Ahora podrían coexistir un calendario reducido federal y otro promovido por la Academia Americana de Pediatría (AAP), que mantiene sus recomendaciones rutinarias para proteger contra 18 enfermedades infecciosas. De hecho, la AAP publicó en 2026 un calendario independiente precisamente porque considera que las modificaciones federales carecen de una base científica suficiente”, resaltó el jefe del Departamento de Investigación del Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel y del Servicio de Infectología Pediátrica.
El Dr. Sáez-Llorens advierte que otra consecuencia “es la erosión de la confianza en el sistema científico porque la vacunación depende de algo más que de una aguja y una vacuna: requiere un proceso de confianza, aceptación, adherencia, cobertura e inmunidad colectiva”.
Cuando las recomendaciones cambian por razones políticas y no por nueva evidencia epidemiológica, subraya, se transmite implícitamente la idea de que la ciencia cambia porque cambia el gobierno.
“Eso puede tener consecuencias mucho más allá de las vacunas modificadas. Un padre que comienza desconfiando de MMR puede posteriormente cuestionar otras vacunas relevantes en salud pública”.
Precedente nefato para la salud pública

El científico subraya que se trata de “un precedente nefasto porque durante décadas, el modelo de salud preventiva ha sido de evidencia científica, consenso de expertos, subsecuentes recomendaciones y adopción de políticas públicas. Pero, además, Estados Unidos no es una isla epidemiológica. Una disminución de las coberturas estadounidenses puede convertirse en un problema de todo el continente, ya que la influencia política y comunicacional de EE. UU. sobre América Latina es enorme”.
Advierte que “una modificación del calendario estadounidense puede ser utilizada por grupos antivacunas latinoamericanos como argumento de autoridad: si Estados Unidos está reduciendo vacunas, debe ser porque las vacunas no son necesarias. Ese efecto de exportación de desinformación podría ser incluso más importante que el efecto epidemiológico directo”.
Cambios sin argumentos científicos
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que “los cambios en la política de inmunización en Estados Unidos no están alineados con la mejor ciencia”.
“Décadas de evidencia han demostrado cuándo los niños son más vulnerables a las enfermedades, cuándo las vacunas proporcionan la protección más fuerte, cuántas dosis son necesarias y qué vacunas pueden administrarse de manera segura juntas. Esa evidencia se revisa continuamente a medida que surgen nuevos datos de todo el mundo”.
“La evidencia actual es inequívoca: las vacunas –incluida la vacuna MMR– son seguras y no causan autismo. Retrasar las vacunas o separar las dosis innecesariamente no hace que la vacunación sea más segura, y puede dejar a los niños desprotegidos”, señala la OMS.
“La política de vacunación debe guiarse por una revisión rigurosa, independiente y transparente de la mejor ciencia disponible, y no por influencias políticas».
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