Defienden con evidencia los logros de la vacunación y expresan su preocupación por el impacto en la salud pública
Redacción LWS
Las sociedades médicas y científicas de Estados Unidos respondieron con preocupación a la orden ejecutiva del gobierno de Estados Unidos sobre nuevas recomendaciones para la vacunación infantil.
Alertan que esta disposición puede causar un retroceso en la salud pública, acelerar el repunte de enfermedades prevenibles con vacunas y provocar confusión en las familias por los cambios propuestos.
La orden ejecutiva fue firmada este lunes 10 de agosto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
La disposición recomienda “que todos los niños reciban las vacunas necesarias para protegerse contra 11 enfermedades, una reducción con respecto a las 18 enfermedades recomendadas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en 2024”.
Estas vacunas que ya no recomendarían las autoridades sanitarias en Estados Unidos, podrán ser aplicadas a población pediátrica, de manera consensuada con los padres.
Otra recomendación es la de “dividir la vacuna combinada contra el sarampión, las paperas y la rubéola en tres dosis individuales para cada enfermedad, y recomienda administrar todas las vacunas en visitas médicas separadas para brindar a los padres más opciones con respecto al momento y la frecuencia de la administración de esta vacuna”.
La disposición sostiene que “maximiza la libertad de elección de los padres en materia de vacunas infantiles”.
Alega que “Estados Unidos recomienda actualmente más vacunas infantiles que cualquier otro país comparable, incluyendo más del doble de dosis que algunos países europeos”.
Alerta regional

Esta orden ejecutiva tiene sus antecedentes en acciones previas del gobierno de Estados Unidos, desde febrero del 2025, de revisión de prácticas de vacunación infantil que causaron alerta en la comunidad médica y científica global.
La Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (SLIPE), en comunicado de febrero del 2026, alertó de cómo las modificaciones en el esquema de vacunación en pediatría de los EE.UU. ya representaban “una señal de alerta para la región y refuerzan la necesidad de que América Latina y el Caribe protejan sus calendarios nacionales de forma íntegra, su financiamiento público y la toma de decisiones técnicas libres de interferencia política”.
“Los cambios en EE.UU. importan por tres razones: epidemiológica (mayor riesgo de importación), comunicacional (difusión de debates como si fueran evidencia) e institucional (uso político para debilitar calendarios sin base científica)”.
El mayor riesgo hoy, afirma Slipe, no es solo la llegada del virus, sino la importación de la duda. “Cuando baja la confianza, baja la vacunación. Cuando baja la vacunación, reaparecen enfermedades prevenibles”.
El Grupo de Trabajo de Vacunas e Inmunización de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) también expresaron en esa oportunidad un posicionamiento conjunto en el que manifestaban su preocupación por los cambios impulsados por el Comité Asesor de Prácticas de Inmunización (ACIP) de los Estados Unidos: Cambios en el calendario de vacunación infantil de EE.UU. podrían afectar cobertura y equidad global: SEE y SESPAS
En el escrito, los expertos recordaban que el calendario de vacunación infantil de EE.UU. pasaría a depender de la llamada “decisión clínica compartida”, un enfoque que aumenta la variabilidad entre profesionales y traslada la responsabilidad de la decisión a las familias, que cuentan con muy distintos niveles de alfabetización y recursos económicos.
La orden ejecutiva del 10 de agosto de 2026 reafirma esta premisa de la “decisión clínica compartida”, además de la recomendación de reducir el número de vacunas recomendadas y la división sin base científica de la vacuna triple viral.
Reacciones de las sociedades científicas

Andrew D. Racine, presidente de la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés), alertó en comunicado de los efectos de esta orden ejecutiva en el contexto de un país con brotes de sarampión y ante el inicio de la temporada de gripe.
«A medida que los casos de sarampión alcanzan su nivel más alto en 35 años en Estados Unidos y con la temporada de resfriados y gripe acercándose rápidamente, la orden ejecutiva sobre vacunas no solo es desalentadora, sino también peligrosa. En lugar de garantizar que todas las familias tengan acceso a vacunas que salvan vidas contra el sarampión, la gripe, el VRS y otras enfermedades, los líderes federales están difundiendo una vez más afirmaciones engañosas.»
Advirtió que esta orden no se basa en la ciencia más rigurosa. “No existen nuevas pruebas que justifiquen cambios significativos en las directrices de vacunación infantil”.
“Decenas de estudios con millones de personas demuestran que no hay relación entre las vacunas y el autismo; sin embargo, los líderes federales siguen promoviendo esta idea obsoleta y desacreditada para asustar a las familias”, sostuvo.
Afirmó que el único propósito con este anuncio “es sembrar confusión para que más personas duden de la importancia de las vacunas. Retrasar o no vacunar a los niños es arriesgado, especialmente ahora que el sarampión sigue propagándose y los niños regresan a la escuela”.
Dijo que las recomendaciones de vacunación de la Academia Estadounidense de Pediatría “están adaptadas a la salud de los niños que viven en Estados Unidos y se basan en décadas de investigación y seguimiento sistemático de experiencias reales. Los pediatras recomiendan que los niños reciban ciertas vacunas a edades específicas, según el momento en que su sistema inmunitario responda mejor y cuando sean más vulnerables a ciertas enfermedades”.
A veces, subrayó, esto significa que los niños recibirán una sola dosis que los protege contra múltiples enfermedades, o que recibirán varias vacunas en una misma visita.
“La vacunación oportuna mantiene a nuestros hijos y a nuestras comunidades sanos y prósperos. Si los padres tienen preguntas sobre las vacunas, les recomiendo que hablen con el pediatra o el médico de su hijo.”
Ronald Nahass, presidente de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América (IDSA, por sus siglas en inglés), alertó en comunicado que la orden ejecutiva socava tres principios fundamentales: el derecho a contar con recomendaciones sobre vacunas infantiles elaboradas por expertos cualificados, mediante un proceso transparente y establecido, y basadas en la mejor evidencia científica disponible
“En un momento en que los brotes de sarampión ya amenazan a comunidades de todo el país, complicar la vacunación conlleva el riesgo de reducir aún más las tasas de vacunación y dejar a más niños vulnerables a una enfermedad altamente contagiosa y potencialmente mortal.
Esta medida sigue un patrón alarmante de esfuerzos gubernamentales para reducir el acceso de los estadounidenses a las vacunas y sembrar dudas infundadas sobre su seguridad y eficacia. Los médicos especialistas en enfermedades infecciosas seguiremos siendo una fuente de información objetiva, fiable y basada en la evidencia para nuestros pacientes y comunidades, al tiempo que abogamos por políticas de vacunación fundamentadas en la ciencia”.
La Dra. Sandra Adamson Fryhofer, presidenta electa de la Asociación Médica Estadounidense (AMA, por sus siglas en inglés), reflexionó en comunicado en el sitio oficial de AMA que el número de casos de sarampión en 2026 en los Estados Unidos, “ya ha superado el total registrado en todo 2025, lo que convierte a 2026 en el peor año de sarampión que nuestro país ha vivido en décadas”.
“Para todos los profesionales de la salud, este resurgimiento es más que una estadística de salud pública. Es un recordatorio de que hablar sobre vacunación sigue siendo una de las formas más importantes de atención preventiva que brindamos”
“La vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR) ha protegido a niños y adultos durante décadas. Dos dosis proporcionan una protección de aproximadamente el 97 % contra el sarampión, y la evidencia científica que respalda su seguridad y eficacia es extensa, consistente y clara.
Antes de que la primera vacuna contra el sarampión estuviera disponible en 1963, esta enfermedad causaba casi 50 000 hospitalizaciones y entre 400 y 500 muertes al año en todo el país. Si bien la mayoría de las personas se recuperan, el sarampión dista mucho de ser una enfermedad infantil común. Puede provocar neumonía, encefalitis, daño neurológico permanente, ceguera e incluso la muerte. Hasta los niños sanos pueden enfermar gravemente”, advirtió en este exhorto a defender la vacunación.
Jan K. Carney, presidente del Colegio Estadounidense de Médicos (ACP, por sus siglas en inglés),advirtió que de implementarse la orden ejecutiva “los cambios podrían aumentar los costos para los pacientes y sus familias, incluyendo copagos adicionales, además de suponer una mayor carga para las familias que necesitan programar múltiples citas para la vacuna MMR de dosis múltiples. Los niños y sus cuidadores merecen una mayor consideración por el impacto a largo plazo de estos cambios propuestos”.
Las vacunas, reiteró, son una de nuestras herramientas más eficaces para proteger la salud pública.
“La evidencia demuestra claramente que las vacunas son seguras y eficaces para prevenir muertes, hospitalizaciones y la propagación de enfermedades. Las comunidades con mayores índices de personas no vacunadas corren un mayor riesgo de sufrir brotes de enfermedades prevenibles mediante vacunación. El éxito de un programa de vacunación depende no solo de la eficacia de las inmunizaciones individuales, sino también de la confianza pública en las vacunas como herramienta de salud pública”.
“El ACP apoya firmemente el aumento de las tasas de vacunación, se opone a las exenciones no médicas a los requisitos de vacunación y rechaza enérgicamente las barreras innecesarias que afectan el acceso a las vacunas. Los cambios que plantea esta orden ejecutiva siembran falsamente dudas sobre el uso de las vacunas, contrariamente a décadas de evidencia que demuestra su seguridad y eficacia, y podrían poner en riesgo la salud y el bienestar de los niños, las familias y las comunidades”.
ACP afirma “que no se puede permitir que estos cambios sigan adelante. Debemos emplear tantos métodos probados y basados en evidencia como sea posible para garantizar un acceso suficiente a las vacunas y proteger vidas valiosas”.
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