Tony Moro: El barítono del trópico que llevó el chachachá al mundo

septiembre 9, 2026
Imágenes cortesía Mario García Hudson

Hubo una época en la que el entretenimiento nocturno abría puertas a quienes poseían talento, disciplina y personalidad. Desde aquel ambiente surgió una figura singular que supo convertir su presencia en una trayectoria internacional, dejando una marca perdurable

Por: Mario García Hudson

El autor es investigador, encargado del Centro Audiovisual de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R.

La historia musical de Panamá se entreteje con voces que, como ríos caudalosos, desbordan las fronteras del istmo para regar con su arte los escenarios del mundo. Una de esas voces, profunda y cálida, fue la de Fernando De Portage Hamilton, nacido el 9 de junio de 1922 (*) en la ciudad de Panamá.

Aunque su nombre pueda no ser familiar a muchos, basta con pronunciar Tony Moro, el santanero, para que la memoria despierte con aquel timbre singular, capaz de abrazar el bolero, la guaracha, el a go-go, la guajira, el merequetengue y, sobre todo, el chachachá con gracia y elegancia.

En aquellos años en que el cabaret reinaba en Panamá, donde las noches se vestían de lino blanco y perfume importado, y la música era el idioma común de cuerpos y almas, se destacó como maestro de ceremonias en los salones más emblemáticos de la ciudad. Su presencia escénica, firme y carismática, lo condujo pronto a los micrófonos, primero como barítono lírico —género en el que incursionó con notable entrega— y luego como voz popular que abrazó con naturalidad el repertorio tropical.

No fue un intérprete más. Su arte fue un acto de amor al canto, una devoción por la canción que trascendió modas y tiempos. Con él, la voz panameña se convirtió en una verdadera embajadora del trópico.

Su discografía recoge colaboraciones con orquestas de renombre: Mario Ruíz Armengol, Ramón Márquez, Chucho Rodríguez y Kay Pérez (México), la legendaria Orquesta Aragón de Cuba, el Conjunto de Tommy Tomson y el de Eugenio Nobile (Argentina), entre otros. En cada interpretación, su estilo revela que el sentimiento no se improvisa: se cultiva, pule y entrega sin reservas.

Su andar por el mundo fue el de un peregrino del ritmo. México, Cuba, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, Uruguay, Argentina, Austria, Países Bajos, Luxemburgo fueron testigos de su voz y presencia, que conquistaron escenarios y corazones por igual.

En uno de sus recorridos por el sur del continente, Tony Moro llegó a Chile, donde se presentó en el emblemático programa Sábado Gigante, conducido por Don Francisco, e interpretó parte de su repertorio musical. Su vínculo con ese país, sin embargo, se remontaba a la década de 1950, cuando ya era reconocido por su elegancia y se dedicaba a enseñar a bailar chachachá.

Como artista integral, Moro también incursionó en el cine. En la producción colombiana Farándula (1961), interpretó el popular tema «Chocolate», dejando evidencia de su soltura tropical ante las cámaras. Más tarde, en la película española El abominable hombre de la costa del sol (1970), volvió a destacarse al cantar «Guararé», pieza que supo entregar con la emoción y el orgullo de su herencia caribeña.

En él se funden talento y disciplina, herencia afropanameña y sofisticación continental. Su voz persiste en la memoria. Representa esa estirpe de artistas que no olvidan su raíz, aunque canten para el mundo, capaces de conmover a un auditorio europeo con la misma naturalidad con que hacían vibrar un salón de baile en Colón o La Habana.

Hoy, aunque el tiempo haya puesto distancia entre su voz y nuestros días, queda claro que Tony Moro no es solo un intérprete: fue un verdadero eco del alma panameña, afinado en ritmo y memoria. Como indiscutible rey del chachachá, dejó una huella imborrable que sigue vibrando en el corazón de quienes aman la música.

(*) Hasta la fecha, no ha sido posible confirmar su fecha de fallecimiento.

Mario García Hudson