Salud renal en el adulto mayor: orientaciones y cuidados

agosto 20, 2026
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En el adulto mayor, con la pérdida progresiva de nefronas por el envejecimiento, la reserva renal disminuye significativamente o desaparece. El riñón adulto mayor funciona cerca de su límite basal de capacidad. En este artículo se comparten medidas preventivas indispensables

Por: Dra. Karen Courville

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid.  Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia.  Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)

El envejecimiento renal es un proceso biológico complejo en el que interactúan los cambios fisiológicos propios de la edad con diversas patologías crónicas.

Para todos los pacientes, la Enfermedad Renal Crónica (ERC) se define como la presencia de alteraciones en la estructura o función renal que persisten por más de tres meses y tienen implicaciones para la salud. Se diagnostica mediante la presencia de al menos uno de los siguientes criterios: Tasa de Filtración Glomerular Estimada (TFGe) reducida, menor de 60 mL/min/1.73 m2 sostenida por más de 3 meses, marcadores de daño renal, como persistencia de proteínas o albúmina en la orina (relación albúmina/creatinina ≥ 30mg/g) o anormalidades en el sedimento urinario (como hematuria microscópica o cilindros leucocitarios); alteraciones electrolíticas o tubulares debidas a trastornos renales; anormalidades estructurales detectadas por estudios de imagen (por ejemplo, riñones poliquísticos, cicatrices corticales o atrofia).

Cambios en el riñón durante el envejecimiento normal (senescencia renal)

A partir de los 40 años, la función y la estructura renal sufren una declinación fisiológica gradual, natural e indolora (aproximadamente una pérdida del 10% de la función por cada década vivida).

Se presentan cambios estructurales conocidos como nefroesclerosis benigna y hay pérdida progresiva del número de nefronas funcionales.

En algunas nefronas, hay aumento de tejido cicatricial en los glomérulos (los filtros microscópicos), hay pérdida del tejido renal funcional y adelgazamiento de la corteza del riñón; engrosamiento de las paredes de las pequeñas arterias renales, reduciendo el flujo sanguíneo de forma gradual.

Además, se puede medir la disminución de la capacidad global de filtración mediante la disminución de la tasa de filtrado glomerular estimada.

El adulto mayor tiene menor capacidad de concentración de la orina, lo que favorece la deshidratación o la nicturia (necesidad de orinar de noche). Lo más importante es que en el envejecimiento senil puro no suele haber albuminuria significativa ni progresión acelerada de pérdida de función renal.

Reserva funcional renal, edad y comorbilidades

La reserva funcional renal es la capacidad adaptativa que poseen los riñones para aumentar temporalmente su tasa de filtración glomerular frente a sobrecargas de trabajo o demandas fisiológicas metabólicas (como tras el consumo de una comida rica en proteínas o ante ciertas situaciones de estrés).

En el adulto joven existe una amplia reserva; los glomérulos restantes hiperfiltran temporalmente para compensar cualquier demanda fisiológica sin sufrir daño.

En el adulto mayor, con la pérdida progresiva de nefronas por el envejecimiento, la reserva renal disminuye significativamente o desaparece. El riñón adulto mayor funciona cerca de su límite basal de capacidad.

¿Qué sucede si el paciente presenta hipertensión, obesidad o diabetes?

Cuando se suman factores metabólicos y vasculares, el proceso fisiológico deja de ser un «envejecimiento sano» y se transforma en Enfermedad Renal Crónica activa. Si el paciente tiene hipertensión arterial, se eleva la presión dentro de las arteriolas renales (hipertensión intraglomerular), acelerando la esclerosis y destruyendo aceleradamente los filtros renales.

Si el paciente tiene diabetes mellitus, los niveles elevados de glucosa actúan como un factor inflamatorio y metabólico, generando alteración estructural (engrosamiento de la membrana basal y expansión mesangial), lo que produce fuga de albúmina (microalbuminuria) e insuficiencia progresiva.

Si el paciente tiene obesidad, incrementa la demanda metabólica y causa un estado de hiperfiltración compensatoria. A largo plazo, esta sobre carga causa glomeruloesclerosis secundaria, acelerando la pérdida de función renal.

Disminución de la función renal y calidad de vida en el adulto mayor

Es común que un adulto mayor tenga una reducción de la función renal basada únicamente en el conteo estimado (por ejemplo, una TFGe entre 45 y 59 mL/min/1.73 m2) y, sin embargo, sus riñones sigan cumpliendo eficientemente todas sus funciones vitales.

Si no existe un daño activo (albúmina en orina negativa), la caída leve o moderada de la filtración refleja la disminución fisiológica acorde a la edad y no necesariamente una enfermedad que progrese a falla renal terminal.

Sin embargo, dado que la reserva renal está disminuida, cualquier evento agudo o fármaco puede descompensar la función renal de forma imprevista, por lo que hay algunos cuidados que tener:

A. Dieta y nutrición

Proteínas: Evitar dietas hiperproteicas (p. ej., suplementos masivos de gimnasio) para evitar sobrecargar los glomérulos. Tampoco se deben hacer restricciones proteicas severas para prevenir la sarcopenia y la desnutrición en el adulto mayor y se asocian a alta mortalidad y caídas.

Mantener una dieta baja en sal (menos de 5 g de sal de mesa al día o 2 g de sodio) para optimizar el control de la presión arterial. Se deben evitar productos ultraprocesados ricos en fósforo y sodio.

B. Uso de medicamentos y ajuste de dosis

Evitar la automedicación con antiinflamatorios, ya que estos fármacos bloquean la autorregulación del flujo renal, pudiendo gatillar un fallo renal agudo o empeorar la hipertensión.

Como la mayoría de los medicamentos se eliminan por vía renal, se debe ajustar la dosis de antibióticos, antidiabéticos y otros fármacos basándose en la filtración glomerular estimada para evitar toxicidad.

Existen medicamentos conocidos como nefroprotectores, pero deben utilizarse y continuar un estricto control médico, medicamentos como los IECA/ARA-II o los iSGLT2, que ayudan a reducir la presión dentro del glomérulo y protegen al riñón si hay albuminuria o diabetes.  Algunos de estos medicamentos se pueden usar con disminución de dosis y ajuste de otros medicamentos que se utilicen en conjunto.

C. Ingesta de líquidos e hidratación

Asegurar una ingesta constante de agua (alrededor de 1.5 a 2 litros diarios, salvo indicación médica en insuficiencia cardíaca o renal avanzada).

Los adultos mayores pierden la sensación de sed de forma natural. Frente a olas de calor, fiebres o episodios diarreicos, se debe forzar una hidratación adecuada para evitar la insuficiencia renal aguda prerrenal.

Por: Dra. Karen Courville, SNI, GNI-CSS