Una cápsula de futuro, de Caracas a Madrid y en el nombre de Teresa de la Parra

noviembre 7, 2026
Ifigenia (diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba), de Teresa de la Parra, ha entrado a formar parte de la prestigiosa colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra. La novela será más cercana para los estudiantes y público en general

Por: Juan Carlos Chirinos

El autor es novelista, cuentista, biógrafo y ensayista. Nació en Venezuela (Valera, Trujillo, 1967). Licenciado en letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV) y doctorado por la Universidad de Salamanca. Vive en España. Es el responsable de esta edición de Ifigenia. Compartimos una breve reseña de su autoría en la cual explica la importancia de esta obra para la literatura universal.

En 2024 se celebraron con eventos en ciudades como Caracas y Madrid los cien años de la publicación, en París, de Ifigenia (diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba) [1924], de Teresa de la Parra (París, 1889 – Madrid, 1936); este año podemos congratularnos de que la novela ha entrado a formar parte de la prestigiosa colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra, lo cual significará que millones de estudiantes de literatura hispanoamericana y lectores en general en todo el mundo ahora tendrán fácil acceso a esta historia, para estudiarla, para disfrutarla, para comprenderla, para compartirla.

Esta novela representa, al lado de Doña Bárbara, Ídolos rotos, Las Lanzas coloradas, El hombre de hierro y algunas más, la cima de la narrativa venezolana del primer tercio del siglo xx, razón suficiente para justificar la presencia de la siempre atolondrada, pero aguda, María Eugenia Alonso, la protagonista de la novela, en la lista de personajes canónicos e inolvidables de la literatura universal.

No en balde cuando apareció la primera edición un crítico comparó el libro con la prosa íntima, «frívola» y a la vez profunda de En busca del tiempo perdido, la obra mayor de Marcel Proust, que en 1924 aún no había terminado de publicarse completa.

Ifigenia cuenta, en primera persona, la historia de una venezolana criada en Europa (María Eugenia Alonso), que se ha quedado huérfana y, a los dieciocho años, se ve obligada a regresar a Venezuela, donde descubre que le ha sido arrebatada su fortuna y que debe consagrar su vida, por insistencia de su familia (sobre todo, de su muy conservadora abuela), a la búsqueda de un buen partido que asegure su futuro. En entrevista concedida en Caracas, Teresa de la Parra describió a su «heroína»: «Como a la blanca hija de Agamenón, también la sacrifican.

Es la víctima, la eterna víctima silenciosa que el egoísmo de los hombres necesita inmolar siempre a unas deidades más o menos imaginarias…».

Pero Ifigenia no es la novela de formación de una mujer, ni la de una escritora; no la de una heroína ni la de una intelectual, ni siquiera la de una revolucionaria; se trata de la novela de un «avatar» en el sentido que tiene el vocablo sánscrito avatâra, esto es, «descenso o encarnación de un dios».

Foto: Lisbeth Salas

Se trata de un ser humano que trasciende su condición mortal, y esto le permitirá superar los enormes, casi insalvables obstáculos de la vida mundana, en apariencia sometiéndose a ellos, porque ella forma parte de un plan mucho más grande que su propio ego: María Eugenia Alonso es la metáfora perfecta del ser humano que lucha por encontrarse en las ruinas de sus propias contradicciones.

Foto: Lisbeth Salas

Leer (y publicar) hoy Ifigenia no solo es un ejercicio de recuperación de una de las grandes escritoras de principios del siglo xx y de la manera como planteó los problemas sociales a los que se enfrentaron las mujeres de su tiempo, también resulta el (re)descubrimiento de una voz literaria de altísimo vuelo, que desde hace décadas es venerada en Venezuela pero que aún necesita una mayor difusión en español y, desde luego, en el resto de las lenguas.

Y como ocurre con todos los clásicos, cada año que pasa esta novela es más moderna, más actual; Teresa de la Parra no miró solo hacia su tiempo: lanzó una cápsula de palabras que guiarán e iluminarán nuestro propio futuro para siempre.

Por: Juan Carlos Chirinos