La reemergencia también afecta a enfermedades infecciosas que se creían controladas gracias a las vacunas, los antibióticos y las estrategias de salud pública
Con información de la AEP
Durante gran parte del siglo XX, los avances en vacunación, nutrición, higiene, antibióticos y salud pública lograron reducir drásticamente la incidencia de numerosas enfermedades infantiles e incluso hacer desaparecer algunas de ellas de la práctica clínica habitual. Sin embargo, estos logros no son irreversibles.
El resurgimiento de determinadas infecciones y trastornos asociados a la pobreza o la malnutrición demuestra que la vigilancia y la prevención siguen siendo esenciales para proteger la salud de la infancia.
El doctor Miguel Zafra Anta, pediatra del Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid), durante el 72º Congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP), ha reflexionado sobre esta realidad en la sesión plenaria titulada Enfermedades desaparecidas y reemergentes en Pediatría, una reflexión ética, histórica y también de actualidad.
“Durante décadas existió la sensación de que muchas enfermedades habían quedado definitivamente atrás gracias a los avances biomédicos. Sin embargo, la historia nos enseña que los progresos en salud pública requieren un esfuerzo continuo de vigilancia, prevención y compromiso social”, señala el especialista.
Del escorbuto al raquitismo: enfermedades asociadas a la pobreza y la malnutrición que vuelven a aparecer

Aunque suelen asociarse a épocas pasadas, enfermedades como el escorbuto o determinadas formas de raquitismo continúan diagnosticándose en la actualidad. Ambas están relacionadas con déficits nutricionales importantes y constituyen un recordatorio de que los problemas de malnutrición siguen existiendo, incluso en países desarrollados.
El escorbuto, causado por una deficiencia grave de vitamina C, fue una enfermedad habitual durante siglos y parecía haber desaparecido con la mejora de la alimentación. Sin embargo, los pediatras siguen observando casos aislados asociados a dietas extremadamente restrictivas, trastornos de la conducta alimentaria o situaciones de vulnerabilidad social.
Algo similar ocurre con algunas formas de raquitismo vinculadas a déficits de vitamina D o alteraciones nutricionales. “Son enfermedades que muchos profesionales identifican con los libros de historia de la medicina, pero que pueden reaparecer cuando existen carencias alimentarias, desigualdades o determinadas circunstancias médicas”, explica el doctor Zafra.
Tuberculosis, sarampión y sífilis congénita: cuando bajamos la guardia

La reemergencia también afecta a enfermedades infecciosas que parecían controladas gracias a las vacunas, los antibióticos y las estrategias de salud pública.
La tuberculosis continúa siendo uno de los principales problemas infecciosos a nivel mundial y sigue afectando a millones de personas cada año. En España se notificaron 4.270 casos autóctonos de tuberculosis en 2024, un 8,3 % más que el año anterior, con una tasa de 8,8 casos por 100.000 habitantes. Además, el aumento ha sido especialmente significativo en menores de 15 años, según los últimos informes epidemiológicos del Ministerio de Sanidad.
Por su parte, el sarampión ha protagonizado brotes recientes en distintos países como consecuencia del descenso de las coberturas vacunales, hasta el punto de que la OMS retiró al país en 2026 el estatus de territorio libre de transmisión endémica tras registrarse 227 casos confirmados en 2024 y 397 en 2025.
La sífilis congénita muestra también una tendencia creciente, tanto en Europa como en otros países desarrollados. Esta enfermedad constituye uno de los ejemplos más claros de reemergencia. En España, la tasa ha pasado de 0,97 casos por 100.000 nacidos vivos en 2016 a 2,99 en 2024, coincidiendo con el aumento de los casos de sífilis en mujeres en edad fértil. Para el doctor Zafra, esta tendencia demuestra que “cuando bajamos la guardia, enfermedades que parecían controladas pueden volver a convertirse en un problema de salud pública”.
La presentación también revisa ejemplos históricos como la difteria o la poliomielitis, enfermedades cuya incidencia se desplomó gracias a las campañas de inmunización. Sin embargo, los expertos recuerdan que estos éxitos dependen de mantener una elevada protección comunitaria.
“Las vacunas han transformado la historia de la salud infantil, pero los brotes recientes demuestran que las coberturas vacunales deben mantenerse elevadas para evitar retrocesos”, advierte el especialista.
Mucho más que un problema médico
Más allá de los microorganismos, los expertos subrayan que las enfermedades reemergentes son el resultado de múltiples factores sociales, económicos, ambientales y políticos.
La pobreza, las desigualdades sociales, los movimientos migratorios, los conflictos armados, el cambio climático, la urbanización acelerada, la globalización o la desinformación sanitaria pueden favorecer la aparición o reaparición de enfermedades que parecían controladas.
“Las epidemias no son únicamente fenómenos biológicos. También son fenómenos sociales”, señala el doctor Zafra. “La prevención exige una mirada amplia que combine medicina, salud pública, educación, políticas sociales y participación comunitaria”.
Por ello, el experto insiste en que evitar el regreso de enfermedades prevenibles pasa por “mantener altas coberturas vacunales, reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica, garantizar el acceso equitativo a la atención sanitaria y actuar sobre los determinantes sociales que condicionan la salud infantil”.
Con información de la AEP

