¿Cómo afrontar el dolor emocional luego del terremoto?

agosto 14, 2026
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Voces expertas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) ofrecen guía y orientación que acompaña a la población colombiana y también a la venezolana que todavía se recupera de los efectos del doble seísmo

Artículo autoría: UNAL

Más de 250 muertos, 3.000 heridos y miles de viviendas afectadas dejó el terremoto del pasado 10 de agosto. A estas pérdidas se suma una huella menos visible entre quienes lo vivieron: los efectos emocionales; por eso todavía sienten miedo ante una réplica, no pueden dormir o permanecen en alerta aunque el peligro ha pasado. Expertas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) explican cómo afrontarlos durante los primeros días.

Para algunos, el terremoto significó perder en segundos la casa, un familiar o buena parte de lo construido durante años. Otros no estuvieron entre los damnificados directos, pero sí sintieron crujir las paredes de sus viviendas, vieron balancearse los edificios, tuvieron que detener el carro mientras la vía se movía o salieron a la calle sin saber qué estaba pasando.

Tres días después, incluso lejos del epicentro, hay quienes se despiertan en la madrugada con la sensación de que la cama se vuelve a mover.

Ese miedo que permanece después de que pasa el peligro también forma parte de la emergencia. El sismo de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), afectó 13 de los 32 departamentos del país, con graves consecuencias en ciudades como Pereira, Cali, Manizales, Buenaventura y Quibdó. Mientras continúan las labores de búsqueda y rescate, el desastre abre otro frente menos visible: cómo procesar emocionalmente una experiencia capaz de cambiar la vida de un momento a otro.

En los primeros días no todas esas reacciones significan que exista un trastorno psicológico. Judy Constanza Beltrán, doctora en Psicología y neuropsicóloga del Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN), explica que después de un evento traumático puede aparecer estrés agudo, una respuesta que se puede expresar en desorientación, ansiedad, problemas para dormir, sensación de estar fuera de la realidad e incluso dificultad para tomar decisiones tan sencillas como qué comer o qué hacer primero.

“Estos síntomas suelen durar algunas semanas, pero si duran más de un mes pueden evolucionar hasta la ansiedad, la depresión e incluso el estrés postraumático”, asegura.

Por eso, durante esta primera etapa la prioridad no es exigirle a la persona que “supere” rápidamente lo ocurrido, sino ayudarla a recuperar poco a poco la sensación de seguridad y control.

La experta señala que la atención inicial se debe concentrar en la contención emocional y en reconstruir las rutinas más elementales que el desastre interrumpió, como comer, dormir, conversar y permanecer en contacto con otras personas.

“En la segunda semana hay que identificar qué personas están en riesgo de complicaciones, para hacer intervenciones más específicas como psicoterapia”, indica.

Aunque volver a lo cotidiano puede parecer un asunto menor frente a una emergencia de esta magnitud, ayuda a ordenar una realidad que de repente se volvió incierta.Play

La profesora Carmen Elvira Navia, directora del Servicio de Atención Psicológica de la UNAL, coincide en que la familia, los amigos y las redes cercanas se pueden convertir en un primer soporte para quienes todavía intentan comprender lo ocurrido.

“No siempre hay forma de enfrentarlo con psicoterapia, pero el apoyo social que viene de amigos o incluso de la religión o las creencias espirituales es fundamental para intentar conectar nuevamente con la realidad y contextualizar a la persona sobre lo que está pasando”.

Acompañar, escuchar y observar

Después de un terremoto, la urgencia por resolverlo todo puede aumentar la sensación de descontrol, como por ejemplo saber dónde dormir, cómo recuperar documentos, qué hacer con una vivienda averiada, localizar familiares, o simplemente decidir cuál problema atender primero.

Por eso la profesora Navia recomienda establecer prioridades y avanzar paso a paso en lugar de intentar solucionar simultáneamente todas las consecuencias de la emergencia.

También aconseja concentrarse en las actividades del día a día y recurrir a ejercicios de respiración cuando aparezcan episodios de ansiedad o miedo persistente. “Recordarle a la persona que la situación de peligro ya pasó, que no debe resolver todos los problemas al mismo tiempo, y que debe darles una secuencia a las dificultades para evitar desbordarse”, añade.

Esa necesidad de recuperar la seguridad puede ser especialmente difícil mientras continúan las réplicas y permanece la incertidumbre.

El cuerpo puede seguir reaccionando como si el peligro continuara; por eso cualquier ruido, vibración o movimiento puede devolver por unos segundos la sensación del terremoto.

Al respecto, las expertas de la UNAL insisten en acompañar, escuchar y observar cómo evolucionan estas respuestas durante las semanas siguientes.

Un desastre que golpea sobre vulnerabilidades anteriores

El terremoto tampoco impacta emocionalmente a todas las comunidades por igual. En San José del Palmar y otros municipios del Chocó el sismo se dio sobre un territorio que ya enfrentaba dificultades de acceso a servicios básicos y de salud, problemas de conectividad vial y presencia de grupos armados.

Allí, perder una vivienda, quedar aislado o afrontar la incertidumbre sobre un familiar se suma a cargas acumuladas durante años

Por eso, haber vivido antes situaciones extremas no necesariamente hace que un individuo sea más resistente frente a un nuevo desastre. “Es erróneo creer que las personas están acostumbradas. Cuando alguien ha vivido violencia y pobreza sostenida, su sistema de respuesta al estrés ya viene desgastado, y un evento traumático como el terremoto hace que la reacción sea más intensa e incluso dure más tiempo”, señala la psicóloga Beltrán.

A esa vulnerabilidad se suma la limitada infraestructura disponible para atender problemas de salud mental en algunos de estos territorios, lo que puede retrasar la identificación y atención de quienes necesiten acompañamiento especializado.

Además, la profesora Navia advierte que un desastre puede desbordar incluso estrategias que una persona había desarrollado durante años para afrontar situaciones difíciles. “Un desastre de la magnitud de un terremoto puede romper por completo sus mecanismos aprendidos; no se puede predecir que reaccionará mejor solo porque está ‘acostumbrada’”.

Cuando los psicólogos o los servicios especializados no están disponibles de inmediato, las redes que ya existen dentro de las comunidades son especialmente importantes. Los líderes sociales, comunitarios y religiosos pueden ayudar a escuchar, orientar y acompañar durante los primeros días, explica la experta.

“En estos entornos, los líderes naturales de la comunidad que tienen buena escucha y empatía terminan ofreciendo, de manera informal, los primeros auxilios psicológicos necesarios”.

Ver enlace a la información original con los audios: https://agenciadenoticias.unal.edu.co/detalle/despues-del-terremoto-recuperar-las-rutinas-y-apoyarse-en-otros-ayuda-a-contener-el-impacto-emocional