Un Editorial publicado en Travel Medicine and Infectious Disease y ya indizado en PubMed propone convertir las lecciones de los terremotos de Venezuela y Colombia de 2026 en una estrategia regional de preparación frente a enfermedades infecciosas, con énfasis en vigilancia epidemiológica, vacunación, agua segura, control vectorial y continuidad de la atención
Redacción LWS
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia el 10 de agosto de 2026, no solo destruyó viviendas, vías e infraestructura. También afectó hospitales, laboratorios, sistemas de agua y servicios esenciales, al tiempo que obligó a desplazarse a miles de personas.
Estas consecuencias llevaron a un amplio grupo internacional de especialistas, encabezado por el doctor Alfonso J. Rodríguez-Morales, presidente de la Alianza Latinoamericana de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (ALEIMC) (red que integra actualmente a 15 sociedades científicas, incluidas la Asociación Colombiana de Infectología-ACIN y la Sociedad Venezolana de Infectología-SVI); a analizar cuáles son los principales riesgos de enfermedades infecciosas después de un desastre de esta magnitud y, especialmente, qué puede hacerse para prevenirlos.
El resultado es el Editorial “From Venezuela to Colombia: Translating lessons on infectious diseases and vaccination into risk-based preparedness after the 2026 earthquakes”, publicado en la revista Travel Medicine and Infectious Disease.

El terremoto no causa por sí mismo una epidemia
Uno de los principales mensajes del trabajo es tener presente que un terremoto no provoca directamente epidemias.
Los autores señalan que el riesgo surge de la interacción entre las enfermedades que ya circulaban antes del desastre y las nuevas condiciones generadas por la emergencia: desplazamiento de la población, hacinamiento, interrupción del suministro de agua y del saneamiento, daños en los servicios de salud y en los laboratorios, pérdida de medicamentos, alteración de los programas de vacunación y dificultades para mantener la vigilancia epidemiológica.
“Los terremotos no generan epidemias de manera automática. Lo importante es identificar qué enfermedades estaban presentes antes del evento y cómo el desastre puede modificar las condiciones para su transmisión, diagnóstico, tratamiento y prevención”, explica Rodríguez-Morales.
Este punto resulta especialmente relevante en Colombia. Antes del terremoto, ya existía transmisión de dengue en los siete departamentos principales estudiados, mientras que la malaria representaba una carga particularmente importante en zonas del Pacífico, especialmente en el departamento del Chocó. También estaban presentes la tuberculosis, la tosferina, las infecciones respiratorias y gastrointestinales y la exposición a animales potencialmente transmisores de rabia.
Vacunación sí, pero dirigida según el riesgo
Otra de las recomendaciones centrales es evitar campañas de vacunación indiscriminadas simplemente porque haya ocurrido un terremoto.
Colombia cuenta con una infraestructura de inmunización relativamente sólida. Por ello, la prioridad es preservar la cadena de frío, restablecer rápidamente los puntos de vacunación, recuperar esquemas incompletos y proteger a quienes realmente presentan mayor riesgo según la edad, el embarazo, la ocupación, los antecedentes vacunales y la exposición.
En las personas lesionadas, por ejemplo, la evaluación del estado de vacunación contra el tétanos debe formar parte inmediata del manejo de las heridas. También deben mantenerse las vacunas rutinarias de niños y adolescentes y evitarse las interrupciones de la vacunación durante el embarazo.
La vacunación contra el dengue tampoco debe convertirse en una medida de emergencia generalizada. El artículo recomienda continuar los programas ya establecidos donde corresponda, mientras que la respuesta inmediata debe centrarse en la vigilancia epidemiológica, la eliminación de criaderos, el control vectorial y la capacidad clínica para reconocer los casos graves.
Las prioridades cambian con el tiempo

El Editorial plantea que la respuesta debe adaptarse a distintas fases.
Durante los primeros siete días cobran especial importancia la vigilancia sindrómica, el acceso a agua segura, la atención adecuada de heridas, la prevención del tétanos, el mantenimiento de la cadena de frío y de los medicamentos esenciales, y la continuidad del tratamiento de las personas con tuberculosis o VIH.
Entre las semanas 2 y 6, aumenta la importancia de vigilar el dengue y la malaria, las infecciones respiratorias y gastrointestinales, las condiciones sanitarias de los albergues y la recuperación de los esquemas de vacunación.
A más largo plazo, adquieren mayor peso la tuberculosis, las parasitosis relacionadas con el desplazamiento prolongado, las condiciones de los asentamientos temporales y la recuperación completa de los programas de salud rutinarios.
Más allá de las vacunas

Los autores advierten que la vacunación es solo una parte de la respuesta. Se requiere, simultáneamente, garantizar el agua, el saneamiento e higiene, el control de vectores, la vigilancia epidemiológica, la prevención de infecciones asociadas a la atención en salud, el uso responsable de antimicrobianos, la recuperación de laboratorios y la continuidad de tratamientos esenciales.
El impacto en la infraestructura sanitaria fue considerable. El artículo comenta sobre daños en aproximadamente 188 establecimientos de salud, además de afectaciones en laboratorios de salud pública de varios departamentos, con potencial repercusión en el diagnóstico y la vigilancia.
Para los investigadores, una fortaleza fundamental de Colombia fue contar con información epidemiológica de la semana inmediatamente anterior al terremoto. Esto permite comparar lo ocurrido después y diferenciar un verdadero cambio atribuible al contexto posdesastre de enfermedades que ya estaban aumentando o circulando previamente.
Una lección para América Latina
El Editorial también toma como referencia la experiencia del doble terremoto ocurrido en Venezuela en junio de 2026 (https://lawebdelasalud.com/vacunacion-en-venezuela-debe-ser-rapida-y-basada-en-el-riesgo/).
La conclusión es que no existe una única receta para todos los desastres. Las decisiones deben adaptarse a la epidemiología local, la cobertura de vacunación, las condiciones de los albergues, la disponibilidad de agua y de saneamiento, la capacidad de los servicios de salud y las enfermedades que requieren tratamientos continuos.
La experiencia de Venezuela y Colombia, señalan los autores, ofrece una oportunidad para construir una respuesta latinoamericana más preparada, flexible y basada en evidencia.
El Editorial contó con la participación de la Junta Directiva nacional de ACIN, múltiples miembros de los Capítulos Eje Cafetero y Sur Occidente de ACIN (regiones afectadas por el terremoto), así como miembros de Comités temáticos de ACIN, especialmente el de Medicina Tropical, Zoonosis y Medicina del Viajero, y otros miembros de ACIN, SVI, sociedades miembros de ALEIMC, entre otros expertos de múltiples países que colaboraron.

Referencias: Rodriguez-Morales AJ, et al. From Venezuela to Colombia: Translating lessons on infectious diseases and vaccination into risk-based preparedness after the 2026 earthquakes. Travel Med Infect Dis. 2026 Sep 11:103019. doi:10.1016/j.tmaid.2026.103019. PMID: 42679872.
Rodriguez-Morales AJ, et al. Reducing communicable-disease risk after earthquakes: Vaccination and prevention lessons for Venezuela’s doublet. Travel Med Infect Dis. 2026 Jul 4:103009. doi: 10.1016/j.tmaid.2026.103009. PMID: 42401377.

