Nunca te automediques ni sustituyas fármacos por tu cuenta: cambiar un comprimido por otro similar que te recomendó un familiar o conocido puede anular el efecto de tu tratamiento o provocar una intoxicación severa
Por: Dra. Karen Courville

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid. Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia. Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)
Modificar un tratamiento médico es un proceso delicado que requiere una evaluación clínica cuidadosa para garantizar la seguridad, evitar complicaciones y mantener la eficacia terapéutica.
Un cambio de terapia farmacológica nunca debe hacerse por iniciativa propia. Sin embargo, en ocasiones puede suceder que el medicamento esté agotado, que tenga menos eficacia o que por progresión de una enfermedad deba ser cambiado.
A continuación, te explicamos cómo proceder si necesitas cambiar de medicamento, qué precauciones debes tomar y qué señales debes vigilar.

¿Cuándo y por qué se cambia un medicamento?
Si el fármaco habitual no se encuentra en las farmacias o en el sistema de salud, por falta de disponibilidad, debido a diferencias entre las equivalencias terapéuticas (dosis y potencia) al pasar de un principio activo a otro, el médico deberá indicar la dosis de un medicamento nuevo.
Si el objetivo clínico (como el control de la presión arterial o de la glucosa) no se está alcanzando o aparece una nueva condición médica o utilizas otros productos que entran en conflicto con el tratamiento actual, el medicamento deberá ser ajustado o cambiado.
Si el padecimiento crónico progresa, como en el caso de la enfermedad renal crónica, que, al disminuir la función renal, el tiempo del medicamento en sangre se prolonga, el medicamento causa reacciones adversas o tendrá menos eficacia y deberá ser sustituido.
Mejor manera de cambiar de medicamento

Nunca te automediques ni sustituyas fármacos por tu cuenta: cambiar un comprimido por otro similar que te recomendó un familiar o conocido puede anular el efecto de tu tratamiento o provocar una intoxicación severa.
Planifica con anticipación si hay desabastecimiento: si notas que tu medicina está escaseando, acude a tu médico con tiempo suficiente para que planifique una transición ordenada hacia otra alternativa disponible, evitando baches en tu tratamiento.
Respeta las pautas de transición: algunos medicamentos requieren disminuir la dosis de forma gradual (retirada progresiva) mientras se introduce el nuevo fármaco para evitar efectos de rebote, especialmente en tratamientos para la presión arterial o afecciones crónicas.
Durante los primeros días tras el cambio, presta atención a cómo responde tu cuerpo. Si se trata de un medicamento para la presión arterial o la diabetes, realiza controles más frecuentes en casa y anota los resultados.
Ante la aparición de síntomas diferentes el día del inicio del medicamento o al día siguiente, como erupciones en la piel, hinchazón en los pies, malestar estomacal persistente o la reaparición de los síntomas originales, comunícate con tu médico de inmediato.
Informa sobre todo lo que consumes: Recuerda mencionar a tu médico o farmacéutico cualquier otro producto, vitamina, suplemento o remedio natural que utilices, ya que pueden alterar la efectividad del nuevo fármaco.
Utiliza un pastillero o anota las horas exactas de tus nuevas tomas para asegurar una correcta adherencia terapéutica desde el primer día.
Recomendaciones sobre las “recomendaciones”

Es usual y acostumbrado que los familiares, amigos y vecinos de manera bien intencionada quieran recomendar un medicamento con el que esa persona tuvo una buena experiencia; en otros casos, recomendar en contra de un medicamento.
Es importante que conozcamos que hay muchas diferencias en el metabolismo, la indicación, edad, peso y la dosis indicada para cada paciente: lo que le funciona a otra persona puede ser tóxico o inútil para ti.
Tomar un suplemento o analgésico recomendado por un tercero puede chocar directamente con los medicamentos que ya tiene recetados (por ejemplo, mezclar antiinflamatorios con tratamientos para la presión o anticoagulantes), anulando su efecto o provocando hemorragias y daños graves.
Lo «natural» (como ciertas hierbas, tés o megadosis de vitaminas) no es sinónimo de inocuo. Muchas sustancias naturales sobrecargan los filtros del riñón o alteran el hígado y pueden disminuir las plaquetas, prolongar los tiempos de coagulación o la función hepática.
Incluso, tomar pastillas para el dolor o suplementos para la fatiga recomendados, en vez de consultar por los síntomas, a veces enmascara los síntomas, retrasando el diagnóstico médico de una enfermedad real que requiere atención oportuna.
¿Cómo mejorar la experiencia de la consulta ambulatoria?
Llevar todo a la consulta: debe llevar una lista de absolutamente todo lo que consume (sus medicamentos, vitaminas, tés, pastillas para el dolor de venta libre o suplementos de gimnasio) cuando visite a su especialista.
Utilice fotos, listas o incluso los blisters de los medicamentos vacíos: muchos tienen nombres difíciles de recordar para los pacientes, sobre todo si recién fueron cambiados. Si te cambian un medicamento, recuerda anotarlo o que te proporcionen la lista de los nuevos medicamentos y la hora de la toma.
Prepara con anticipación los medicamentos que tomas, asegúrate de tomar los medicamentos de la presión el día de la cita, de la manera como fueron asignados: es importante para que el médico pueda apoyarse en los medicamentos del paciente y ajustar según sea la mejor opción. Toma tus medicamentos de la presión todos los días, incluso el día de la cita. Esto ayudará a que el médico pueda evaluar y ajustar los medicamentos.
Si te ajustan la dosis de insulina, recuerda anotarla para no confundirte en la casa. Si requieres que te enseñen a colocarla, el personal de salud está capacitado para hacer la instrucción en cualquier instalación de atención.
Proteger tu salud y tus órganos vitales (como el corazón y los riñones) depende de una comunicación abierta y constante con tu equipo de salud. Ante cualquier duda con tus medicamentos, la guía profesional es siempre tu mejor aliada, ya que el paciente, el medicamento y el médico pertenecen al mismo equipo, ya que todos juntos quieren ganarle partido a la enfermedad.
Por: Dra. Karen Courville, SNI

